LA DEPRESIÓN
Hoy vengo a hablar sobre ese tema tabú para la sociedad: La depresión. Es increíble como aún en pleno siglo 21 esto, como ya he dicho, sigue siendo un tema tabú, la gente que lo sufre, por culpa de esto, llega a posponer su silencio hasta límites muy peligrosos. Desde aquí quiero lanzar un mensaje: rompamos el silencio, no tengamos miedo al que dirán, a ponernos en manos de profesionales, a contarlo a nuestros seres queridos, ellos son los que más nos pueden ayudar.
Quiero contar mi experiencia, con la esperanza de poder ayudar a alguien. cuando yo comencé a estar así, buscaba un poco de comprensión, me pasaba el día buscando por google, instagram, twitter, youtube, tumblr. Con la esperanza de encontrar un video, un texto, algo que me comprendiese, pero por desgracia, poco encontré. Por eso he tomado la iniciativa de hacerlo yo misma.
Digamos que la depresión es como meterse en un laberinto a plena luz del día, pero conforme van pasando los días, las semanas, los meses; éste va oscureciendo, van creciendo matojos en el camino y ya no tenemos solo el esfuerzo de encontrar la salida, sino que tenemos la dificultad de hacerlo a tientas, quitando todos los matojos que han crecido en el camino, es como si cada vez se tornara más y más difícil, y solo hay dos opciones: luchar y salir o quedarse quieto a esperar ser comido por la maleza.
Yo llevo un año y tres meses con depresión, todo empezó antes de lo que yo me pensaba, ya había sufrido antes una depresión y pude salir sola de ella, pero cuando no curas bien las heridas, vuelven a aparecer.
Los motivos por los que se entra en una depresión son muy relativos, me gusta contar esto como una historia: imaginémonos a dos personas, Manuel y Carmen, ellos tienen varias mochilas vacías, pero un día, Carmen suspende un examen que llevaba preparando meses y mete una pequeña roca en su mochila, a la semana siguiente, Carmen discute con su madre, y mete otra pequeña roca en su mochila, y así sucesivamente hasta que Carmen tiene su mochila llena de pequeñas rocas. Por otro lado, el padre de Manuel murió hace un mes y mete una gran roca en su mochila, no obstante, las mochilas de Manuel y Carmen pesan lo mismo. Pero para la sociedad Manuel sí tiene un motivo por el que entrar en depresión y Carmen y sus pequeñas rocas "no son para tanto". Repito: las mochilas de Manuel y Carmen pesan lo mismo. Nunca cuestionéis el dolor de otra persona, no sabéis como está llevando ella sus pequeñas rocas, y pueden llegar a causar un dolor tan grande como la roca de Manuel. La depresión le puede pasar a cualquiera, los motivos llega un momento que son lo de menos. Yo había días que estaba tirada en la cama llorando sin motivo, lloraba y punto. No estaba bien. No quería que preguntasen mis motivos. Me los estaba preguntando yo, y aún me los tenía que responder.
Una vez aclarado esto, me gustaría contar mi historia: todo comenzó el enero de 2019, a veces ni siquiera sabes como entras, de un día para otro te das cuenta de que te has vuelto una persona irascible, que no tienes ganas de nada, te miras al espejo y no te gustas lo mas mínimo. Te pones una careta delante de la gente pero cuando llegas a casa solo hay tristeza, ganas de encerrarte en tu habitación y ganas de llorar sin motivo aparente, empiezas a ver como las cosas pierden sentido, y no entiendes porqué. Hay un vacío en ti que no acabas de entender, de repente un día te das cuenta, de que no eres la Ángela que eras, que proyectas tu alrededor de manera negativa. Y da miedo, porque piensas que esto no te puede estar pasando a ti, así que te callas, no dices nada, crees que solo será una mala racha: la peor decisión de mi vida. Yo me callé, dejé que pasaran los meses, y no me encontraba mejor, de hecho, todo iba a peor, empezaron los ataques de ansiedad, me los calmaba yo sola encerrada en un baño, con una bolsa en la boca.
Recuerdo ese día como si fuese ayer, mi ataque de ansiedad más fuerte hasta la fecha, yo, sola, llorando, creía que nunca acabaría, inspira, expira, inspira, expira, y de repente, apareció aquella maldita idea en mi cabeza: el suicidio.
A partir de aquel día nada fue como antes, decidí pedir ayuda, pero no a quien la tenía que pedir, ya que a quien se lo conté fue a mis amigos que no podían hacer más que apoyarme y estar ahí, no fue hasta septiembre de 2019 que decidí contarlo en casa, pensamientos constantes de suicidio atormentaban mi cabeza y me daba miedo cometer una locura. Fue cuando me llevaron al médico de cabecera, me medicaron, luego al psiquiatra, a la psicóloga, me aumentaban la dosis, nada funcionaba, no comía, no dormía de noche por culpa de las pesadillas y me pasaba el día durmiendo, llorando, no tenía ganas de nada, ni siquiera de ducharme, comencé a dejar de ir a los sitios, las cosas que antes me entusiasmaban ahora me daban igual, era incapaz de estar en sitios con gente, consideraba que nada de lo que había hecho en la vida merecía la pena, me miraba en el espejo y solo veía basura, estaba metida en un bucle, no perdonaba muchas cosas del pasado, vivía en él, me comparaba con las personas y siempre era peor, estaba inquieta las 24 horas del día, llegando al límite de tener ataques de ansiedad, le pedía a mi cabeza que parase de pensar, sabía el modo de hacerla parar, pero no quería rendirme, hasta que un día, casi decido rendirme.
Corrí a la habitación de mi madre, le pedí ayuda, le dije lo que estaba a punto de hacer. Mi madre comprendió que lo mejor era llevarme a un sitio que me ayudasen. Así fue como acabé en un centro de salud mental. Donde me ayudaron. Me ayudaban a llevar una rutina y me regularon la medicación. Nos mantenían todo el día con la mente ocupada, haciendo manualidades, charlas, etc. Alguna gente tiene una imagen de los centros de salud mental sacada de las películas, igual que de las enfermedades mentales, eso hace que se convierta en un tema tabú para la sociedad y que mucha gente niegue recibir ayuda por culpa de estos pensamientos. Cuando cuentas que has estado en uno de ellos la gente se echa las manos en la cabeza cuando no es así, allí puede acabar cualquiera, y no eres menos por haber estado en uno de ellos, es como el que no se cura bien un constipado y acaba en el hospital por una neumonía, es completamente normal, no dejéis que nadie os meta en la cabeza lo contrario.
Cuando comprendí que esto era así, comencé a participar en todas las actividades que hacíamos allí dentro y a recuperarme poco a poco, estuve allí casi un mes y salí bastante recuperada, desde entonces, he tenido altibajos pero nunca he vuelto a pensar en la muerte como una posibilidad, sé que cuando estás tan hundido como yo lo he estado a veces parece que no hay otra salida, pero nada sana más que el tiempo, el darse tiempo, el comprender que es algo que le puede pasar a cualquiera y el contarlo a tus seres cercanos son las tres claves para comenzar a subir escalones. No estamos acostumbrados a escuchar historias tan crudas, de hecho, la gente se empeña en mostrar una felicidad de mentira por las redes sociales cuando estos casos pasan de verdad, y mas cerca de lo que os podéis imaginar, si tenéis a alguien en este estado alrededor, cuidadlo, no lo dejéis de lado, este es un tema serio.
Yo, que pensaba que nunca iba a salir, ya he comenzado a subir escalones, y he tenido la valentía de contarlo, sé que no es fácil, pero os juro que se consigue, ojalá algún día dejemos de escuchar casos así, ojalá algún día, se le de a la salud mental la importancia que se merece y ir al psicólogo o al psiquiatra no se vea como algo fuera de lo normal, ojalá todos consigamos salir de esta, espero que os haya servido y gracias por leerme.